Vestido de cielo, pintado de tarot

Gust Sevilla

Fui la cara de Le Mat en la oscuridad del universo, en medio de la nada y frente al frío de lo que parecía un interminable invierno. Una espiritualidad debilitada me hacía navegar en un mar de temores y conservaba en una pequeña bolsa; los restos de un amor quedado en el olvido. Al menos, yo le recordaba. La fantasía se había convertido en mi mejor realidad, y la tristeza, predominaba ante ser feliz, incluso los altos puntos vibratorios de la melancolía me daban señales de que estaba vivo, de que sea como sea, al menos sentía y seguía aquí.

De mis grandes pasos con inexperiencia, establecí vínculos que consideré en el momento la mejor alternativa para mi superación personal, tanto, que dejé de ver la verdad, dejé de ser quien era hasta ausentarme en mi propia piel. Dejé a un lado mi magia y dudé de aquello que me gustaba. Acto seguido, perdí mi identidad.

Somos un saco de huesos andantes cuando dejamos de ser y aunque estemos en esta tierra, se trata de una ausencia que trae una variedad de conflictos que poco a poco les hemos de sentir, hasta que estos van envolviéndonos, y entonces se hacen plenamente notorios, frente a nuestros ojos y los ojos de los demás. Los conflictos nos cubren más y más, apretándonos hasta llevarnos a un punto de fractura. El gran problema es cuando nos acostumbramos a ellos, pues entonces se le teme a estar fuera de esas situaciones que nos causan dolor, y todo... por carecer de identidad. 

Un día aparece algo mágico, algo sin duda alguna, especial; algo que te va impulsando hacia el peldaño que debes escalar. Sucede de manera imprevista y entonces tu piel se va llenando de esa energía colorida, hasta que tu vibración puntualiza un latido en el cosmos. Tus recuerdos pasan por tu mente como una película hasta quedar impregnado de tu propia esencia, la cual no estaba extinta, solo quedó varada en tu inconsciente.

El tarot siempre me dijo que volviera a mí y me trajo una y otra vez, lo aparté de mi vida y me cerré a su sabiduría, pero en uno de sus tantos intentos, volvió a conquistarme; me sedujo y me pintó de él. Soy el lienzo donde pinto mi destino. 

Abrazo a la crítica, a la diferencia, a lo extraño y al valor que ahora tengo para ser quien soy, para disfrutarme, aunque solo vista de colores mientras que mi alma se desnuda.  

Necesitamos su consentimiento para cargar las traducciones

Utilizamos un servicio de terceros para traducir el contenido del sitio web que puede recopilar datos sobre su actividad. Por favor revise los detalles en la política de privacidad y acepte el servicio para ver las traducciones.